Qué razón, Ramón
martes, 20 de octubre de 2009 15:32 Publicado por Unknown , 0 comentarios
Etiquetas: Acontecimientos , Lecturas
[Extracto del epílogo de ''El ocaso de los dioses Nazis'' escrito por Ramón Garriga, sobre el fin del III Reich alemán]
(...Muerto Hitler, el pueblo alemán ya no tenía motivo alguno para continuar su resistencia heroica y desesperada. El nuevo Führer podía capitular y el honor militar alemán quedaba a salvo. Un silencio, no precisamente de paz, sino más bien de muerte cayó sobre Alemania. La gran tragedia había terminado. Desaparecía uno de los soñadores mayores que ha conocido la Humanidad. Su paso por la vida ha sido fatal para Alemania y de consecuencias incalculables para toda Europa.
Él había depositado toda su fe en el pueblo alemán, y creía que su destino era someter a Europa bajo la hegemonía de Berlín, para crear una nueva civilización destinada a triunfar sobre el bolchevismo, que desde Oriente avanzaba hacia el Occidente. Una Alemania moral y materialmente hundida y una Europa en plena decadencia fue todo lo que dejó al morir. Como un nuevo Lutero, detrás de él, sólo quedaba el caos, la anarquía y la miseria. Alemania, y con ella media Europa sabe que tiene que emprender nuevas rutas para salvar su existencia. Nadie, en Europa, podrá inhibirse a la influencia que ha ejercido este hombre al pasar por el firmamento político del mundo. Ya que una cosa es indudable: Hitler ha sido un astro que dejará una estela imperecedera...)
(...Los alemanes han aprendido mucho en esta guerra, aunque es cierto que les cuesta mucho dolor saber lo que pueden y lo que no pueden. Los que hemos sido espectadores de esta gran tragedia alemana sabemos exactamente lo que pueden los alemanes, y renunciamos a creer que este pueblo, que tanto ha realizado en el campo de la técnica, de la cultura y de la acción social, quede para siempre al margen de la civilización universal, sin convivir en buena armonía con el resto de la Humanidad.
A un hombre atacado de locura se le puede colocar una camisa de fuerza y encerrarle indefinidamente en un manicomio. Pero este procedimiento no se puede aplicar a un pueblo de sesenta y cinco millones de habitantes que puebla el centro mismo de Europa, que no es precisamente ningún rincón desconocido de Asia o África. A los llamados
Espero que os sirva como reflexión sobre los males de una guerra, los prejuicios que conlleva convertirse en fanatista de cualquier idea, por inofensiva que parezca a priori, y sobretodo que os sirva para aprender a no meter a mandatarios y pueblo en el mismo saco. Porque un pueblo es mucho más que los actos de sus gobernadores.
Gracias por leer =)
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